Sunday, November 05, 2006

Piel

Hoy me meto en la piel de docemil personas, docemil caras, todas distintas. Te das cuenta enseguida de que ya ha desaparecido la anterior cuando de pronto surge una nueva y de esa sí que no te das cuenta. Pasan una a una, al minuto, al segundo. Son muchas, infinitas, y reconoces en cada una de ellas el gesto que de pronto has dejado apartado en el extremo sur de tus faciales facciones de homo sapiens sapiens. Ahora son microsegundos, micras de segundo; surgen y resurgen a una velocidad vertiginosa. El vértigo se apodera de tí y son miles de luces multicolores que en el fondo y por el archiconocido sistema lumínico aditivo resultan en un fogonazo blanco sordo y silencioso.

Cegado por la luz, nuevas formas se habitúan a circular entre tus conos y bastoncillos. Libremente, como en casa, transfiguran los cuerpos luminodisformes en una masa de piel homoforme, que resuelve en las archifamosas faciálicas formas que conforman tu cara.

Efectivamente, debiste haberlo esperado:
un espejo

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